La vivienda es un derecho humano.

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Poner fin a los desalojos forzosos
Todos los años, miles de familias que viven en ciudades africanas son expulsadas de sus hogares por las autoridades u otros agentes sin salvaguardas que protejan sus derechos humanos. Estos desalojos forzosos destrozan vidas; las personas no solo pierden sus casas, sino también sus posesiones y empleos, y los niños y las niñas se ven obligados a abandonar la escuela. Las personas que viven en asentamientos precarios o informales son las que están en una situación más vulnerable, pues puede que carezcan de permisos oficiales para su vivienda.

Es una enorme injusticia. Nadie puede ser objeto de un desalojo forzoso, independientemente de donde viva. Se trata de una ilegalidad en virtud de las normas de derechos humanos regionales e internacionales que los gobiernos africanos se han comprometido a respetar. Los desalojos forzosos, que a menudo se justifican en aras del “desarrollo”, sumen a las personas aún más en la pobreza y provocan que muchas de ellas se queden sin hogar y en la indigencia. Los desalojos forzosos son un problema, no una solución; hay que ponerles fin.

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